ISLANDIA | Cazando Auroras Boreales en Kirkjufell

Siempre soñé con visitar algún país escandinavo y tener la fortuna de ver Auroras Boreales.

Ese sorprendente y mágico fenómeno natural que alguna vez pensamos que venía del más allá con los espíritus o los dioses, pero ahora sabemos que se producen por el choque de partículas cargadas de energía solar que viajan a toda velocidad y chocan contra la magnetósfera de la tierra, generando unos destellos de colores increíbles y convirtiéndose así en una experiencia que todo ser humano amaría ver.

Se les llama boreales a las auroras que se ven en el hemisferio norte de la tierra, como las que se ven en Canadá, Noruega, Groenlandia, Rusia, entre otros. Sin embargo, las auroras también pueden ser australes cuando se ven en el hemisferio sur del planeta y en lugares como Nueva Zelanda, Tasmania, Antártica e incluso en Ushuaia al sur de Argentina, cuando hay 17 horas de oscuridad durante el invierno.

Soñé tanto, tanto, tanto con ellas, que después de varios años decidí conocer Islandia. El único país escandinavo que se encuentra separado de Europa, pero lo convierte así, en uno de los territorios geográficamente hablando más impresionantes del planeta. En la isla viven cerca de 350.000 personas que coexisten con más de cien montañas volcánicas, glaciares enormes, cascadas con la fuerza de dioses, geiseres activos las 24 horas del día, zonas geotermales, rocas fosilizadas y hasta playas de color negro. Además, que es uno de los mejores y si no, el mejor lugar en todo el mundo para cazar Auroras Borales o luces del norte.

En los últimos años Islandia recibió el mayor porcentaje de sus recursos económicos a través de la energía geotermal y la pesca, pero ahora el turismo esta posicionándose como la mayor fuente de ingreso del país. Y aunque muchas personas no han tenido la oportunidad de visitarlo aún, creo que ya son demasiadas las que pueden reconocer sus paisajes viendo la serie de Game of Thrones o sentir el país escuchando la música de Björk o Sigur Ros. Cada día que pasa, Islandia se esta convirtiendo en una fuente de inspiración para artistas y viajeros de todo el mundo que sueñan con descubrir este utópico territorio.

Visitar el país en época de invierno, es iniciar una aventura en las “puertas del ártico” como diría mi amigo Antonio Pérez. En donde las temperaturas han descendido hasta los -30ºC y las carreteras desparecen con la nieve. Los locales están acostumbrados a la climatología y para los turistas hay una frase en Islandia que dice “si no te gusta el clima, debes esperar cinco minutos”. Sin embargo, desde octubre hasta marzo las condiciones del clima son ideales y apropiadas para ver uno de le fenómenos naturales más bellos del planeta, las Auroras Boreales.


¡EL DÍA EN QUE HICE UN SUEÑO REALIDAD!

Aproximadamente hace un año me encontraba en Islandia comenzando una de las aventuras más arriesgadas y emocionantes de mi vida. Iba completamente solo a darle la vuelta a la isla durante 16 días en época de invierno. ¡No estaba loco. Estaba dispuesto a hacer un sueño realidad! Tenía en mis manos un mapa gigante con un millón de nombres en islandés, carreteras con todos los colores posibles, convenciones y rutas marcadas con bolígrafo y resaltadores. Confieso que me estaba enredando un poco con tanta información, pero también debo decir que dentro de esa carta geográfica del territorio islandés, había una sola montaña que quería conocer a como de lugar.

Uno de los lugares más increíbles de Islandia se encuentra en la península de Snæfellsnes, la misma que inspiró a Julio Verne en su libro: Un Viaje al Centro de la Tierra. Y cerca del pueblo de Grundarfjörður, se encuentra Kirkjufell. Esa montaña perfecta que no me dejó conciliar el sueño durante un par de años y la cual añoraba visitar, fotografiar y contemplar mientras las auroras boreales danzaban en el cielo. Tal vez estaba siendo demasiado exigente con la vida y con el universo, por pedir que sucedieran cosas tan grandes al mismo tiempo; pues las auroras son un fenómeno natural impredecible que no está asegurado para nadie ni en un lugar ni en una fecha establecida. Sin embargo, creo que todo es posible en la vida y durante mucho tiempo pensé, imaginé y viví mentalmente ese momento, concentrando toda la mayor energía posible para que ese sueño se hiciera realidad.

Comencé el día muy temprano en la madrugada cuando todavía la luz era color azul. Enseguida me di un baño caliente, desayuné, organicé mi equipo personal y salí a remover toda la nieve que estaba congelada sobre el carro que había alquilado. Luego de unos 10 minutos salí desde la ciudad de Borgarnes para adentrare en la península de Snæfellsnes.

Cada kilómetro recorrido era una parada obligatoria para disfrutar y hacer fotografías, pues no solo la luz del sol cambiaba de tonalidades durante el amanecer, sino que era sorprendente ver como las carreteras serpenteaban entre las montañas y los caballos islandeses comenzaban a correr en esos enormes paisajes cubiertos de nieve.

Esa mañana hice paradas obligatorias en la bellísima iglesia de Búðir y las formaciones rocosas frente al mar en Arnastapi y Lóndrangar. Almorcé dentro del carro un par de sandwiches de atún y bebí agua que había sacado de la llave en el hotel esa mañana, pues dicen que es una de las más puras del mundo y se puede beber con toda tranquilidad, y finalmente tomé la carretera 54, atravesé montañas completamente cubiertas de nieve y llegué hasta Kirkjufell.

Había arribado al lugar con el que tanto había soñado, pero el clima era terriblemente frío y en el cielo no cabían más nubes, el pronóstico del clima no era el esperado.

Eran las 3:37 p.m. y estaba parado frente a una montaña que si se ve de lado tiene una forma trapezoidal, pero si se ve de frente, su forma es puntiaguda. En la zona cercana de parqueo habían varios autobuses que cargaban y descargaban turistas como si fueran hormigas, y el lugar tampoco estaba tan despejado como alguna vez lo imaginé para hacer fotografías de paisaje. Claramente es un espacio abierto a todo público que sin importar las bajas temperaturas, la lluvia o la nieve, también merecían visitar Kirkjufell. Fuera de eso está prohibido volar drones y desconozco la razón correcta, pero me atrevería a pensar lo siguiente. Puede ser por que existe una ciudad cercana con viviendas, la zona de la montaña tiene muchos visitantes y quieren evitar accidentes con multitudes, o Islandia esta tratando de controlar el tema de los sobrevuelos con drones para que los turistas no hagan grabaciones increíbles de su país. Así que no me estresé y comencé a explorar el lugar, pues además de la montaña hay una cascada llamada Kirkufoss que también es un elemento obligatorio para hacer esa fotografía cliché. Sin embargo, esta caída de agua también estaba completamente congelada y cubierta de nieve, apenas y se escuchaba un riachuelo pasando por debajo de las capas de hielo. No todo estaba saliendo como lo había soñado así que comencé a caminar explorando todos los alrededores de la montaña, para intentar buscar una fotografía más original, en la cual no saliera ni una sola persona y hubiera una composición interesante o diferente a lo que se ve en internet.

Caminé todo lo que pude para hacer un scouting y encontrar los mejores lugares alrededor de Kirkufell. Estuve cerca de la carretera buscando líneas y diagonales interesantes que se fugaran hacia la montaña. Subí un par de pequeñas colinas y metí las botas entre charcos de hielo para tratar de encontrar reflejos. Me acosté sobre piedras cubiertas de musgo y finalmente tuve que desistir porque se estaba haciendo de noche y debía ir hasta el pueblo más cercano para comprar algo de comer y regresar al lugar para esperar.

Eran las 6:47 p.m. y ahora estaba cenando un par de burritos precocinados con jugo de manzana en caja grande de tetrapack, pues era lo más barato del supermercado porque todo en Islandia es carísimo. Y para más tarde, había dejado un par de snacks y unas barras de chocolate para llenarme de energía. También tenia la calefacción del carro al 100% ya que las temperaturas habían bajado muchísimo, pero de un momento a otro note como el clima parecía cambiar poco a poco en el horizonte y detrás de la montaña, pues las nubes ya se había separado las unas de las otras y era posible ver la tonalidad azul del cielo antes del atardecer.

Mientras llegaba la noche y con algunas horas de espera, comencé a monitoreas las auroras boreales con aplicaciones que había descargado para mi teléfono móvil.

Aurora es una aplicación gratuita que ayuda a pronosticar las auroras boreales y australes, basándose en la localización de la persona. Además recomienda los mejores lugares en tiempo real para verlas alrededor de todo el mundo, tiene un calendario para planear avistamientos, muestra la velocidad de los vientos solares, la probabilidad de ver las auroras y la cobertura de las nubes, en fin. Suena algo complicado pero es fácil de entender cuando se tiene la aplicación abierta en el teléfono móvil. Sin embargo, lo más importante para tener en cuenta es el Índice KP. Es decir, una manera de medir las auroras para saber si es posible verlas o no, pues cuanto más alto es el número, habrán más probabilidades de ver las auroras. Solo en casos especiales y tormentas solares que suceden inesperadamente o cada cierta cantidad de años, el Índice KP es superior a 8, pero en Islandia con un Índice KP de 3 a 5 es más que suficiente para verlas, además que en este lugar del planeta suelen aparecer entre las 9:00 p.m. y 2:00 a.m. E incluso existe la posibilidad en algunos hoteles de Islandia, de que se registren en la recepción para que les hagan un llamado de alerta en cualquier momento de la noche y los despierten para ver las auroras boreales.

En menos de un par de horas, la mayoría de turistas habían desaparecido de la zona, pero aun quedaban varios fotógrafos aficionados y profesionales dispuestos a cazar lo mismo que yo. El cielo se había despejado del otro lado, pero la montaña seguía con una leve capa de nubes que iba desapareciendo poco a poco. La temperatura bajo hasta -14ºC aquella noche y para soportarlo tuve llevar encima las tres capas de ropa. Un buzo térmico pegado al cuerpo, saco y una muy buena chaqueta de invierno. Leggins y pantalones térmicos encima, unas buenas botas impermeables, un gorro térmico y otro un pasamontañas que me habían regalado antes de salir de Colombia. Fue indispensable también haber llevado unos buenos guantes para mantener las manos calientes y poder manipular la cámara sin problema.

A eso de las 9:30 p.m y después de haber esperado una cuantas horas acompañado de más personas y un turco del que me hice amigo aquella noche, estaba listo con mi equipo fotográfico, un trípode para hacer exposiciones largas en la oscuridad y obtener la mayor estabilidad posible, y una una linterna (de cabeza preferiblemente) para poder ver o desplazarme con tranquilidad sobre la nieve y el hielo.

El clima se había transformado completamente y pasé de ver un cielo plagado de nubes a un cielo completamente inundado de estrellas, que no solo estaban esperando para ser fotografiadas, sino además permanecían inmóviles y a la expectativa para ver danzar a las auroras boreales que hacia las 9:55 p.m. de aquella noche se asomaron por primera vez.

Estaba haciendo disparos hacia el infinito y buscando ángulos cercanos a la montaña, cuando vi en la pantalla de mi cámara una franja aguamarina que se filtraba por el costado superior derecho de la escena. ¡Estaban aquí! - Grité. Y como alma que lleva el diablo salí disparado hacia la orilla del mar a unos 300 metros de donde estaba ubicado en ese momento. Corrí como nunca y con toda la precaución del mundo, porque el tiempo de avistamiento de las auroras es incierto y para mi era sagrado en ese momento, pues quería aprovechar cada segundo para vivirlo, recordarlo y fotografiarlo. En cuestión de segundos ya me encontraba en una mejor locación y cuando miré el visor de mi cámara para componer la escena, me di cuenta de que el cielo se había teñido de verde con franjas de luz que se estaban moviendo. ¡No lo podía creer. Era espectacular!

Iniciando la noche las auroras pueden aparecer en forma de arco que se va extendiendo por el firmamento, pero con el paso del tiempo, estas se transformar en ondulaciones, globos o coronas verdosas, aguamarinas y rosadas dependiendo de la altitud a la que estas se encuentren, o cuanta cantidad de nitrógeno y oxigeno hayan en la atmósfera. En tan solo una noche su apariencia puede cambiar tanto, que la cantidad de escenas posibles no se pueden si quiera imaginar.

Las auroras llevaban danzando en el lugar cerca de una hora, hasta que noté que el enorme arco que había comenzado con el espectáculo de la noche, se estaba moviendo hacia atrás de la montaña. Estaba cerca de suceder algo con lo que había soñado durante muchos años y no solo quería hacer fotografías sino que además anhelaba disfrutar y vivir el momento con mis propios ojos. Así que cambié las baterías de mi cámara por unas nuevas pues el frío las descarga más rápido de lo normal, luego programé manualmente un Time Lapse o una secuencia de fotografías de manera automática, y finalmente obturé. En un abrir y cerrar de ojos estaba parado en las “puertas del ártico” y olvidé que todo existía, para concentrarme en sentir desde lo más profundo de mi corazón una de las escenas más espectaculares de mi vida, pues eso que había soñado con tantas ganas se había hecho realidad y un millón de veces mejor de lo que había imaginado. Mientras miraba como las auroras boreales acariciaban la montaña, tuve la fortuna de ver una estrella fugaz… Y esa estrella que se perdió en un segundo, me confirmó que los sueños son para hacerlos realidad por más grandes es imposibles que parezcan. ¡Son para hacerlos realidad!

Esa noche había sido inolvidable, perfecta y llena de magia. Además que había sucedido algo dentro de mí, algo personal que no se puede describir con palabras o con fotos… Es como una sensación de felicidad infinita que se mete dentro del corazón y no quieren salir jamás. ¡Había sentido demasiada magia allí afuera y dentro de mí!.

Finalmente y hacia la 1:00 a.m. del día siguiente, las auroras se habían despedido de todas las personas que habían aguantado para verlas aquella noche. Nos habían dando un espectáculo de esos que terminan con todo el público de pie aplaudiendo en el escenario, y aunque muchos turistas iban de regreso para sus hoteles en pueblos cercanos, a mí me quedaban dos horas de recorrido manejando completamente solo por carreteras cubiertas de nieve y un clima impredecible. Ese fue el riesgo que había tomado cuando me quise adentrar en la península de Snæfellsnes y sin saber a que hora iba regresar a descansar.

Ese día llegué al hostal sano y salvo a las 3:00 a.m., agotado fisicamente pero fortalecido emocionalmente para cerrar mis ojos aquella noche y seguir soñando.


CONSEJOS PARA VER AURORAS

Las auroras son un fenómeno natural impredecible y no siempre se ven en un mismo lugar o una fecha establecida. Éstas solamente aparecen en el cielo a gran altitud y pueden ocultarse detrás de las nubes, es decir, que no está garantizado que se puedan ver cuando nosotros queramos. Sin embargo hago las siguientes recomendaciones…

❖ ESPERAR LA OSCURIDAD: La luz del día y las auroras no son para nada compatibles, pues sería como intentar ver estrellas durante el día. Por eso es necesario esperar hasta la noche para verlas en su máximo esplendor y preferiblemente evitar días con luna.

SALIR DE LA CIUDAD: Las luces en las calles, edificios, o establecimientos comerciales, sumados a los automóviles que transitan en la noche, generan algo llamado contaminación lumínica, la cual bloquea completamente el avistamiento de las auroras dentro de una ciudad. Es recomendable salir hasta lugares alejados de las zonas urbanas para poder incrementar la posibilidad de verlas.

❖ ASEGURARSE QUE EL CIELO ESTÉ DESPEJADO: Las auroras son fenómenos naturales que suceden por encima del nivel de las nubes, es por eso que necesitamos un cielo limpio y despejado, casi como si fuéramos a ver las estrellas.

❖ REVISAR EL PRONÓSTICO DE LAS AURORAS: El Instituto Meteorológico de Islandia puede facilitar el pronóstico para ver este fenómeno natural, pero también existen aplicaciones para teléfonos móviles, que son muy fáciles de utilizar y pueden ser de gran ayuda.

❖ VERLAS NO ESTÁ GARANTIZADO: Las auroras boreales aparecen y desaparecen fácilmente, además que un fenómeno natural que los humanos no podemos controlar. Pero si no logran verlas durante su visita en Islandia, pueden entonces hacer una visita a Aurora Reikiavik, el único museo en el mundo que les puede explicar todo y acercar a esta maravillosa experiencia.

❖ VESTIR ROPA ABRIGADA Y SER PACIENTE: Las temperaturas pueden ser realmente bajas cuando los cielos están despejados o se ha esperado por mucho tiempo en medio de un paisaje invernal, así que es mejor salir bien abrigado. Y la paciencia es la clave del éxito.

CONSIDERAR TOMAR UN TOUR: Si no tienen automóvil a su disposición, pueden reservar un tour en bus, jeeps para nieve y hasta botes, pues algunas de las empresas garantizan que si no se ven auroras durante el día de la reserva, pueden regresar al día siguiente completamente gratis para hacer un segundo intento.

CONOCER TUMARA: Si están pensando en documentar esta maravillosa experiencia, es recomendable usar las cámaras en Modo Nocturno, pero preferiblemente en Modo Manual utilizando diafragmas abiertos, tiempos de exposición largos y sensibilidad ISO alta

CONSEJOS PARA FOTOGRAFIAR AURORAS

Las auroras son fenómenos naturales muy débiles que se dan a distancias muy lejanas de la tierra y por eso es difícil que a simple vista queden registradas en una fotografía. Aunque actualmente hay teléfonos móviles con opciones muy avanzadas y alta sensibilidad para hacer fotografías nocturnas, definitivamente una buena cámara con opciones de manejo manual es la mejor herramienta para capturar auroras boreales.

LLEVAR UN TRÍPODE Y UNA LINTERNA: Un trípode o algún elemento que pueda mantener la cámara quieta, es la mejor herramienta para estabilizar una escena nocturna pues necesitamos que absolutamente toda la fotografía quede nítida. La cámara necesita un tiempo de exposición tan largo como sea posible para poder capturar la luz y quedar plasmada en la fotografía, pues un mínimo movimiento dejara toda la foto movida. La linterna es un elemento adicional que servirá para ver y moverse con tranquilidad por la zona durante la noche, pues el hielo puede ceder en algunos lugares y volverse peligroso.

❖ ESTABLECER UN DIAFRAGMA ABIERTO: En fotografía, el diafragma de los lentes de las cámaras es el que indica cuanta cantidad de luz entra al sensor para capturar una imagen. Lo más importante para capturar auroras boreales, es establecer un diafragma abierto con números bajos (f1.4, f2, f2.8, f4) para facilitar la entrada de luz y capturar la escena más rápido.

❖ ISO ALTO: El ISO es la sensibilidad que tiene la cámara frente a la luz, pero si establecemos un numero demasiado alto, las fotografías se verán granuladas y no muy definidas. Es recomendable comenzar con un ISO 800 y comenzar a subir poco a poco hasta encontrar la sensibilidad adecuada que además de buen color también nos de una buena calidad de la imagen

❖ TIEMPO DE EXPOSICIÓN LARGO: Esto controla la cantidad de tiempo en que la luz entra por el lente a la cámara. Se necesita algo de tiempo para capturar la luz de las auroras y por eso es recomendable comenzar con una velocidad de 10 segundos e irla ajustando poco a poco, con otros parámetros como el diafragma y la sensibilidad ISO.

ENFOCAR AL INFINITO: Con tanta oscuridad las cámaras fotográficas suelen ser ciegas o perder los puntos de referencia para enfocar un cielo y obtener una fotografía nítida, por eso es importante (y si es posible) enfocar manualmente y en infinito para aumentar las posibilidades de obtener una fotografía bien definida.


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