ISLANDIA | Ascenso al Cráter de Hverfjall

Una de las zonas más impresionantes de Islandia para visitar durante el invierno, es Myvatn. Un lago volcánico ubicado al norte del país y alrededor del cual se encuentran unos de los paisajes más surreales que jamás haya podido disfrutar, contemplar y fotografiar. Entre ellos recomendaría visitar la imponente cascada de Dettifoss para sentir su fuerza, o caminar en Hverir que es un sitio geotérmico con piscinas de barro burbujeantes y fumarolas de gas sulfúrico. También hay que ir a la zona de Krafla donde hay una central eléctrica que parece sacada de otro planeta… Pero indiscutiblemente tienen subir el cráter de Hverfjall.

Ascenso No. 1

Jamás pensé que iba a detenerme frente a ese lugar para dejar abandonado el vehículo que había alquilado y comenzar a caminar durante media hora por una carretera llena de piedras volcánicas, trozos enormes de hielo y charcos congelados. En ese primer trayecto solamente vi un par de turistas que regresaban después de haber visitado la zona, pero cuando llegué a la falda del cráter un señor me aconsejó que no subiera porque el sol se estaba poniendo y sería difícil descender en la oscuridad.

Sin embargo, durante los últimos días había identificado que la luz del sol se prologaba durante un par de horas al atardecer, tal vez por la época del año o la posición geográfica de Islandia, así que agradecí al señor por el consejo pero me arriesgué y comencé mi ascenso. Hverfjall tiene 420 metros de altura y es una caminata prácticamente muy sencilla que puede hacer cualquier persona, pero durante el invierno puede convertirse en una pesadilla si no se tienen crampones (sencillos) o piezas metálicas que se colocan por debajo de las botas para evitar resbalar con el hielo o la nieve. 

En un comienzo sentí adrenalina de comenzar a subir, pero en el camino me di cuenta que con calma sería sencillo lograr pasar de las piedras negras a las capas blancas de hielo que terminaban en el borde del cráter después de caminar 15 minutos en línea recta. ¡La vista del atardecer era espectacular! Sin embargo, estaba completamente sorprendido y enamorado con el interior del cráter, tanto así que caminé todo lo que pude, identifiqué la zona con calma y ya cuando el sol se había ocultado en el horizonte comencé a bajar con precaución para regresar de nuevo a la mañana siguiente.

Ascenso No. 2

El día anterior había quedado tan sorprendido con el cráter e imaginado una escena desde el aire que decidí visitarlo por segunda y disfrutar el lugar con más calma, además aprovechando la luz lateral de la mañana y mejores condiciones del clima para volar un dron.

Lo primero que identifiqué cuando llegué nuevamente al lugar, fue un mapa que mostraba la verdadera ruta de ascenso al cráter, pero con la nieve y la poca visibilidad del día anterior jamás pude encontrar el camino así que subí en linea recta como lo prohibía esta señalización.

Una vez más tuve que caminar media hora en crampones por finas capas de hielo que tenían atrapadas burbujas de aire. Volví que saltar charcos y a seguir huellas marcadas en la nieve de otros turistas para no “meter la pata” en el lugar equivocado. El cielo estaba completamente azul y los pocos árboles que estaban alrededor, permanecían inmóviles, desnudos y muertos del frío con el paso del invierno. Las condiciones del clima eran perfectas para hacer un primer intento de sobrevuelo con el dron pero cuando llegué a los 200 metros de altura, la pantalla indicó que el viento era demasiado fuerte y comenzó a arrastrar el aparato volado hacia otra zona… ¡Me asusté! Y bajé el dron tan rápido como pude intentar estabilizarlo y regresarlo al punto de salida, para dejar que el viento bajara e intentar hacer un segundo sobrevuelo.

Finalmente llegué a la falda del cráter y como no pude identificar el verdadero camino para ascender, volví a hacer caso omiso del mapa y subí linealmente al igual que otros turistas. La vista hacia el exterior seguía siento tan impresionante como siempre, solo que ahora podía identificar el lago de Myvatn a la perfección, ver el pueblo de Reykjahlíð cerca del cráter y contemplar otras montañas con formas surreales alrededor del lugar.

El ascenso llegó a su fin después de 15 minutos y una vez más estaba frente a la boca del cráter, donde la nieve y las rocas formaban un patrón de líneas increíble, parecido a la piel de una zebra. Apenas y la vegetación sobrevivía entre las piedras volcánicas.


Como tenía tanto tiempo disponible, decidí comenzar a caminar poco a poco por el borde del cráter con la intención de dar la vuelta completa que me llevaría cerca de una hora y media. Claramente estaba buscando ángulos y leyendo la luz lateral de la mañana, además aprovechando que me encontraba completamente solo en el lugar, o eso era lo que yo pensaba… Llevaba caminando un buen tiempo y haciendo fotografías hasta que identifiqué una forma espectacular al interior del cráter. ¡No estaba loco! Y logré ver en el paisaje, la forma de una ballena jorobada que parecía salir del mar, pues el cielo estaba tan azul que se alcanzaba a reflejar en la nieve y al interior del cráter, dándo la sensación de que una ballena salía a la superficie para respirar.

Emocionado de no estar tan solo como pensabatambién noté que el viento había desaparecido. El sol calentaba fuertemente y todo parecía estar muy quieto, pensando en podría llegar a ser el mejor momento de la mañana para intentar hacer un segundo sobrevuelo con el dron.

Inmediatamente descargué mi mochila, un canguro con cosas personales y la cámara principal sobre una superficie seca, para comenzar buscar la mejor zona de despegue. Solamente encontré un pedazo de hielo relativamente plano pero perfecto para comenzar a volar, así que encendí el dron y lo mantuve volando cerca de 5 minutos para calentarlo y dejarlo listo para arrancar. ¡Despegué como un cohete! Y todo se mantuvo perfectamente mientras alejaba el dron de la boca del cráter, poco a poco iba incrementando la altura hasta que a mi parecer encontré la distancia indicada. Empecé a subirlo verticalmente y a mover la cámara acorde al ángulo que estaba buscando e imaginado desde el día anterior, pero aunque el viento comenzó a soplar mas duro en la medida en que subía el dron, pude controlarlo desde abajo mientras se me congelaban las manos.

Estaba haciendo frío claramente mientras permanecía quiero más de mil metros de distancia del dron, pero sabía que iba a encontrar la mejor fotografía de este sitio, con la luz de la mañana. Fianlamente y después de 20 minutos la pantalla de mi teléfono móvil me envió una alerta de batería baja y tras esforzar uno par de minutos más el dron y hacer más fotografías, logré regresarlo sano y salvo al mismo sitio de donde había despegado.

Caminé aproximadamente durante dos horas alrededor de todo el cráter haciendo fotografías y disfrutando al máximo desde ese sitio tan increíble. También noté como comenzaron a llegar turistas que apenas lograba distinguir desde la distancia ante la grandeza del cráter de este volcán inactivo.

Era el momento de descender por esa pendiente cubierta de nieve, pero utilizando los crampones logré hacerlo sin problema. Regresé caminando otra media hora hasta el lugar donde había dejado estacionado el vehículo, descargué mi equipaje, puse a cargar algunos dispositivos electrónicos, comí algunos snacks y además aproveché para cambiare las medias porque las tenía mojadas después de esta aventura.

Como por arte de magia llegué y salí de la zona de Myvatn hacia el este de Islandia, pues todavía me quedaba una semana visitando los paisajes islandeses y disfrutando del invierno que muchos deberían vivir en este impresionante país. Salí de Hverfjall agotado pero agradecido por haber logrado una fotografía soñada.


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