INDIA | Viajando 18 Horas y 35 Minutos en un Tren

El 16 de enero de 2019 me levanté a las 8:00 a.m. en la misma cama del hostal en el que había “sobrevivido” diez días en Nueva Delhi. Confieso que ese día no tomé baño porque iba a tener un viaje largo durante las próximas horas y personalmente no quería llevarme una toalla húmeda en la maleta.

Salí a desayunar en The Drunkyard Cafe. Un pequeño restaurante que frecuentaba todas las mañanas antes de salir a recorrer la ciudad, el cual está ubicado en la calle de Main Bazar, donde los precios eran cómodos y la comida variada. Ese día creo haber desayunado un café con leche, dos huevos fritos y tres tostadas con mantequilla y mermelada, antes de regresar al hostal y comenzar a organizar mi equipaje para el recorrido que me esperaba. Llevo conmigo dos maletas y un canguro que desde el último año he aprendido a empacar cada vez mejor, pues aunque parece mucho equipaje, es perfecto para viajar como mochilero y a bajo costo. Solo necesito algo de espacio para acomodar las cosas y unos 5 minutos para meterlas en el orden correcto, pero no es tan difícil. Incluso esa mañana, me rindió tanto el tiempo empacando que también pude salir a comprar snacks para la noche, y dedicarme a actualizar el diario de viaje que llevo en la India, pues ahora estoy tratando de hacer dibujos en acuarela y bolígrafo que me toman un poco más de tiempo.

El día anterior había estado personalmente en la oficina de turismo de la Estación de Trenes de Nueva Delhi, la cual queda en el segundo piso y es únicamente para los trámites y reservas de extranjeros, pues la aplicación que tienen para el teléfono móvil, es terrible. Aunque siento que es un poco excluyente el tema de espacios destinados solo para turistas mientras los hindúes tienen que hacer unas filas tremendas y adaptarse a la disponibilidad de cupos, a veces resulta una fortuna que nosotros los extranjeros podamos agilizar procesos como estos. Finalmente compré un boleto de tren desde Delhi hasta Jaisalmer por ₹650 Rupias Indias = $28.800 Pesos Colombianos para viajar en Sleeper Class, algo así como una clase intermedia baja en una zona de vagones del tren en la que uno puede acostarse en una litera o cama para descansar. Incluso el señor que me vendió el boleto del tren me sugirió que tomara un UP (Upper Berth o Litera Superior) para evitar que alguien más estuviera por encima y dejara colgar sus piernas en mi cara. Así terminé de actualizar mi diario para ir a almorzar con calma y disfrutar de las últimas dos horas relajado dentro del hostal.

Luego salí equipado hasta la estación de metro más cercana, compré mi pasaje y después de pasar mis dos maletas y un canguro por el escáner de la estación y ser requisado por un guardia de seguridad en la entrada, logré identificar el recorrido que haría en ese momento. Creo que la mejor opción para moverse en el sistema de metro de Nueva Delhi es con la aplicación de Google Maps, pues ubica las rutas con facilidad, las estaciones o paradas que hay entre un lugar y otro dentro de la ciudad. Al menos a mí me funcionó sin problema y después de hacer un solo transbordo de la línea azul a la línea amarilla, llegué a la Estación de Trenes de Old Delhi desde donde saldría mi tren hacia Jaisalmer. Una bella y enorme estación de color rojo atestada de personas que entran y salen mientras cientos de tuc tuc o taxis esperan a las afueras para ofrecer un servicio a cualquier pasajero. Afortunadamente yo iba ingresado al lugar y solo necesitaba ubicar la plataforma desde donde saldría mi tren. 

Adentro coloqué mis maletas en el suelo y me senté sobre la más grande para esperar a que llegara el tren #14659 en la plataforma #9 para salir de Nueva Delhi a las 5:35 p.m. Aproveche mientras esperaba para ver el comportamiento de las personas en la estación, pues habían familias enteras sentadas en el piso que viajaban con paquetes y equipajes enormes, trabajadores empujando carretas llenas de productos y varios señores hablando por teléfono móvil. Cada diez minutos llegaban trenes a otras plataformas donde las personas corrían desesperadas para meter sus equipajes por las ventanas y asegurar un buen puesto dentro del tren, otras saltaban desde los vagones mientras iban en movimiento y yo emocionado no podía creer todo lo que estaba aconteciendo.

Finalmente llegó un tren a la plataforma donde estaba sentado, pero siendo honesto, no estaba seguro si era el mío. Enserio no habían indicaciones tan fáciles para orientarme, así que me tocó preguntar a un par de personas y luego de identificar el vagón S3, me subí para buscar la cama No. 35. ¡Toda una aventura!

El vagón de tren en el que iba era azul, blanco y aguamarina por dentro, distribuido en compartimientos de 8 camas. Habían 2 de un lado y 6 en el otro, pues el pasillo de circulación del vagón no quedaba en el centro sino a un costado. La zona de 6 camas o literas, eran dos estructuras de 3 cada una y yo había escogido la de más arriba. Confieso que no fue nada fácil subir el equipaje más grande hasta allá pues había que encaramarse por unos tubos en los costados de las camas y fuera de eso, el espacio que tenía para moverme era bastante estrecho. Una vez acomodé todo mi equipaje por allá arriba, lo amarré con broches y seguros de las propias maletas, pues me habían recomendado que cuidara mis cosas personales, porque en cualquier lugar del mundo siempre habrán amigos de lo ajeno.

Apenas unos 15 minutos después de haberme subido al tren, éste comenzó a moverse y a sonar la bocina. ¡Era el momento de partir y se sentía increíble! Afortunadamente el vagón en el que iba no estaba tan lleno de personas, pero dos paradas más adelante se subieron una cantidad de pasajeros y tuve que subirme a la pequeña guarida en donde iba a viajar antes de llegar a mi destino final. Estaba seguro que no iba a dormir muy bien aquella noche, pues mi equipaje ocupaba el 40% de la cama y tendría que encontrar una posición adecuada para dormir.

Estaba demasiado entusiasmado con esta aventura, tanto así que no me importaba tener tres ventiladores llenos de grasa y polvo frente a mi cara o escuchar los ronquidos de los vecinos. Nadie a mi alrededor hablaba español y mi teléfono móvil pasó de 4G a 3G mientras íbamos andando. Tenía una pecueca insoportable y fuera de eso no me había bañado porque no quería llevarme la toalla húmeda en la maleta. Había un bebé llorando a dos camas de donde estaba, al frente un señor comiendo algo que sacaba de una bolsa plástica de color verde  y hacía mucho ruido, en fin. ¡No me importaba! Solo cerraba los ojos y me acordaba de una frase que mi papá siempre dice… ¿Y qué es eso, comparado con la felicidad? 

El corazón me estaba latiendo con tanta fuerza que no pude evitar hacer una video llamada con mi familia para mostrarles en donde carajos estaba metido. Sentía demasiada energía dentro de mí y en cada rincón de este tren, no solo por la Coca Cola que me estaba tomando, sino porque iba solo hacia lo desconocido. ¡Jamás tuve miedo, porque estaba viajando aferrado a todos mis sueños que no eran pequeños sino gigantes!

El tren continuó su camino rápidamente haciendo sonidos tremendos pero parando en cada estación y recogiendo pasajeros. Las camas de abajo se llenaron por completo mientras otros comenzaron a cenar algo que seguramente habían traído de casa o habían comprado dentro del tren pues es común ver en los trenes de la India a vendedores ambulantes que ofrecen cosas a las personas. En mi caso estaba cenando dos paquetes caseros de palomitas de maíz y una Coca Cola, lo más seguro es que iba a viajar sintiendo hambre. Pero se me olvidó cuando vi a dos señores comiendo sobre una cama y utilizando papel periódico como si fueran individuales. Las escena más bella que había visto en ese tren, en donde dos hindúes compartían su comida el uno frente al otro mientras conversaban y reían. ¡Cuanta felicidad disfrutando con tan poco!

Decidí acostarme a dormir a las 11:00 p.m. cuando apagaron, así que me quité las botas, amarré de nuevo mi equipaje para que no me fueran a sacar nada y me acosté en posición fetal porque no había otra forma en la que cupiera con todo mi equipaje y en la misma cama. ¡Estaba demasiado incómodo en la vida! Y durante toda la noche di vueltas y vueltas tratando de combatir el frío y evitando que se me encalambraban las piernas y las nalgas.

El tren anduvo toda la noche, haciendo ruido o moviéndose a toda máquina pero se vino a desocupar casi todo cuando paró en las ciudades de Jaipur y Jodhpur. Eran casi las 7:00 a.m. y seguía sin pegar el ojo, así que aproveché cuando un vendedor se subió al tren para tomarme un té chai cuando apenas estaba saliendo la luz del sol y se asomaba por las ventanas del tren. Tenía demasiado frío en ese momento y olvidé que me habían dicho que no comiera ni bebiera nada de procedencia desconocida, pero necesitaba algo de calor y me lo terminé tomando. Sin poder dormir nada aproveché para escribir en el diario de viaje sobre todo lo que había pasado y volví a tomarme otros dos tés cuando pasó de nuevo el vendedor, pues quería acompañar unas galletas dulces en el desayuno y una manzana que había comprado el día anterior.

El viento y la arena comenzaron a meterse por las ventanas indicando que ya estábamos al oeste de la India, la zona más desértica de todo el país y que se encuentra a pocos kilómetros de Pakistán. 

Yo por mi parte intentaba desde la ventana ver camellos o venados en esos paisajes tan increíbles, pero lamentablemente no vi nada, excepto una rata corriendo por el pasillo del tren. Luego noté en Google Maps que el tren estaba cerca de mi destino final pero parecía ir en dirección opuesta así que le pregunté a un señor que estaba cerca y me explicó que el tren debía entrar a una pequeña ciudad llamada Pokhran y luego se regresaba para tomar la dirección correcta hacia Jaisalmer.

Terminamos hablando con el señor como una hora sobre su vida y de como había dejado de trabajar en un banco de Nueva Delhi para regresar de nuevo la ciudad donde había nacido. Luego me preguntó que si estaba casado y le dije que no, que si viajaba solo por la India y le dije que si, mejor dicho. Eso parecía un interrogatorio porque algunos hindúes lo quieren saber todo, y cuando digo todo, es absolutamente todo.

Finalmente y después de un largo recorrido, puedo decir que estuve viajando 18 horas y 35 minutos en un tren por la India, y con un total de 38 paradas en diferentes ciudades, llegué a Jaisalmer.


GUE LA AVENTURA DEL VIAJERO DEL SOL EN


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